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Y la Luz se Hizo
Todos Pecaron
Él
dio el dominio al hombre sobre todo lo creado para el hombre. Y
ese dominio o autoridad, el hombre puede emplearlo para bien y
ser a imagen y semejanza de Dios, o emplearlo para obrar con
maldad. Y eso influye en la creación sometida al dominio del
hombre.
Pero cuando se da cuenta de su situación y clama a
Dios, Él le responde
(Jeremías 33 3). Y entonces puede entender
que lo bueno viene de Dios y así volver al camino de salvación.
Es el ejemplo de los discípulos con Jesús en la barca cuando se
desencadenó una fuerte tempestad y temieron perecer. Entonces
clamaron a Jesús. Él mandó sobre el mar y el viento y sobrevino
una gran calma. (Mateo 8 24). Así como en una barca, está en
general la humanidad.
Cuando el hombre no clama a Dios,
queda como un barco que pierde el norte porque se queda sin
rumbo y navega a la deriva expuesto a todas las adversidades
(Romanos 1 18 24). Sin embargo Dios siempre lo está cuidando.
Por esto desde el principio le iba diciendo: “Esto sí harás,
esto no harás”, que era la Ley. No podía el hombre entender más.
Y cuando llegó el momento de que esta humanidad empezara a
madurar, se cumplió la promesa que existía desde el primer
instante en que el hombre pecó. Y Cristo se hizo presente siendo
como uno de nosotros, menos en el pecado, trayéndonos la Luz
(Hebreos 4 5),
para unirnos todos en Él por su gracia, en el
Amor. Para ello estableció su reino en medio de nosotros
(Lucas
17 20 22).
Estableció su reino para que nosotros podamos
vivir aquí en unidad con Cristo para poder ser salvados, y así
ser vencedores en contra de las acechanzas del maligno que aún
sigue luchando para arrebatar las almas de los hijos de Dios,
pues ese aún trata de seguir engañándonos como en aquel
principio en Edén.
Esto es lo que dice la biblia acerca
del demonio, a través del profeta Ezequiel.
En Edén, en el
huerto de Dios estuviste. De toda piedra preciosa era tu
vestidura... Tú, querubín grande, protector, y te puse en el
santuario de Dios. Allí estuviste... Perfecto eras en todos tus
caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en
ti maldad...
Te llenaste de iniquidad y pecaste, por lo cual
yo te eché del monte de Dios... Querubín protector, se enalteció
tu corazón a causa de tu hermosura. Corrompiste tu sabiduría a
causa de tu esplendor. Yo te arrojé por tierra, y delante de los
reyes te pondré por espectáculo.
Con tus muchas maldades te
llenaste de iniquidad y pecaste... Profanaste tu santuario y te
puse en ceniza sobre la tierra, ante todos los que te miran. Y
todos los que te conocieron de entre los pueblos se quedarán
atónitos por causa tuya. Serás objeto de espanto, y para siempre
dejarás de ser (Ezequiel 28 13 19). Ese fue nuestro primer
padre respecto a esta desastrosa caída.
El mismo Jesús le dice a los judíos:
Vosotros sois de vuestro padre el diablo,
y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Este era homicida
desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay
verdad en él. cuando dice la mentira, dice de lo que tiene
dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira (Juan 8 44).
El mismo Jesús dice que ese fue nuestro padre. Y no es porque Él
quisiera insultar a los judíos, sino que Él habla con la Verdad,
puesto que Él mismo es la Verdad.
También el profeta Isaías
hace alusión a esto cuando refiriéndose a Jacob cuyo nombre
significa mentiroso, le dice:
Vuestro primer padre pecó, y tus
enseñadores se rebelaron contra Mí. (Isaías 43 27).
En todo
caso, Adam fue el engañado y no el engañador.
Y entre los
seres espirituales que éramos dice el texto, que fue la mujer
quién se acercó al árbol prohibido. También esto ratifica que no
fue el varón el que primero pecó. El primero fue el guardián de
Edén, el segundo la mujer. Y el tercero el hombre. ¿Entonces
cómo se ha dicho que fue el varón quién primero pecó, si queda
en tercer lugar según el relato de esta parábola?
La gravedad
de aquella desobediencia nos hizo perder nuestro estado
celestial, que refiere Pablo en la Carta a los Romanos, donde
dice que todos a una se corrompieron
(Romanos 3 14 18).
Mas
el Amor de Dios se compadeció de nosotros y no permitió que
cayéramos al abismo, sino que nos preservó de caer en él,
reteniendo nuestros espíritus en eso que llama las escrituras
“regiones inferiores de la tierra” o “seol”. Y de ahí nos
concedió venir a esta vida aquí, para que si voluntariamente
queremos ser salvados, lo decidamos cada uno. Para ello Dios
creó este mundo.
Todo es una demostración de la libertad que
Dios nos concedió al crearnos. Primero el no impedirnos
acercarnos al árbol prohibido. Y también aquí en nuestro estado
actual, tenemos la libertad para elegir, vivir en el bien y el
mal, que es lo que habíamos elegido, o rechazar el mal y buscar
siempre vivir en el bien
(Romanos 1).
Nos creó seres libres.
Y para los que se preguntan por qué Dios permite los males en
este mundo, tienen como respuesta que aquí en este estado, hemos
de decidir si queremos vivir en Dios, o seguir eligiendo lo que
habíamos elegido en aquel principio.
Antes de comenzar la
creación de nuestro mundo, vemos como en el principio era todo
caos, confusión y oscuridad. Y podemos preguntarnos: ¿De dónde o
de quién se generó ese caos? Y la realidad es que nos está
diciendo que ese era el estado en el que se encontraban nuestros
espíritus que habían caído en confusión, no veíamos la luz y
estábamos en medio de un caos. Es decir que habíamos caído por
el pecado, e íbamos precipitándonos al abismo.
Y para
impedirlo, estaba aleteando el Espíritu Santo de Dios sobre las
aguas, para que no cayéramos precipitados en el abismo.
Y por
eso el Espíritu de Dios aleteaba por encima del abismo según
dice el “Génesis”. (Génesis 1 2).
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